SANTIAGO DE CHILE EN PRIMAVERA

Por Joaquim Madariaga

Fue una feliz decisión viajar en Septiembre; nunca había pasado un “18” en Chile, despues de quedarnos en Brasil definitivamente; Myrtha, mi esposa, sí. Santiago en primavera es única: frescor, flores y sol; después del rigor invernal, hasta las personas se renuevan luciendo mas sonrientes y alegres.

El “18” fuimos al Parque Padre Alberto Hurtado, atrás de una chicha dulce y una sabrosa empanada, lugar tranquilo, frecuentado por familias de los alrededores; la sorpresa, que se transformó en emoción contenida a duras penas, fue un vibrante Show Ecuestre del Club de Huasos de Peñaflor. Impecable destreza, en una presentación brillante, conjuntos folclóricos de diversas regiones del pais haciendo contrapunto a las cabalgadas de indios, Mapuches haciendo papel de protagonistas y estrellas del espectáculo, aplaudidísimos por el público; nunca ví nuestros hermanos de comunidades indígenas ser representados con tanto respeto y dignidad. Así debería ser siempre.

Club de Huasos de Peñaflor – Parque Padre Alberto Hurtado:

Presentación de Mapuches en Parque Padre Hurtado:

La Parada del dia 19, la ví por TV. La Escuela Militar, impeque! inicia el desfile con la tradicional Marcha Radetzky; de ahí para adelante, dos horas de pura marcialidad prusiana, plato lleno para gente como yo, que recibió, fuera del segundo nombre, el gusto por las armas del Tio Ernesto, Oficial del Ejército chileno, prematuramente fallecido con el grado de Mayor.

Parientes nos convidan a disfrutar del frescor del campo y la suave brisa del mar; visitamos Valparaiso, Viña del Mar, el hermoso y exclusivo Balneario de Zapallar. El Pacífico, desconoce su nombre, agitado, tan azul y tan helado castiga las rocas sin cesar; sus aguas generosas ofrecen a los chilenos mil delicias y el balcón de sus playas, la visión del vasto océano para ser contemplado hasta el atardecer, cuando el sol se pierde en sus aguas fulgurantes.

Balneario Zapallar:

Si no fuera por los marinos de Las Salinas, Viña del Mar y Reñaca estarían juntas; ingenieros y constructores ganaron de las dunas de arena el derecho de mantenerse eternas y se alzan desafiantes edificios en su lugar. Es el progreso. Viña es fascinante, cada vez mayor y moderna; debe ser el lugar con mayor número de vehículos por metro cuadrado en Chile, imagino que en verano la Ciudad Jardín debe parar. No quiero vivir de recuerdos, más me quedo con la Viña de mi juventud, donde viví un par de años. Alejandro, mi hermano, viñamarino y anfitrión, tomando muy en serio nuestra pesquiza de las mejores Picadas, nos lleva a una famosa en Reñaca Alto, casi en Con-Con, la “Picada Juan Segura”, llegamos al local, mas estaba clausurado esse dia por no dar Boleta de Venta a los clientes, Juan Segura no le hizo honor al nombre; fuimos a outra Picada, muy buena, a un par de cuadras de ahí, por lo que no perdimos el viaje.

Después, nos pasea por Valparaiso y los recuerdos me llegan a tropel cuando pasamos por el Cerro Alegre, la casa en punta de diamante, como proa de barco de ladrillos y madera, estilo ingles de la Maruja, mi hermana fallecida este año. Pasé muchas temporadas de verano entre Viña y El Puerto; yo quería ser marino, mi hermana hizo todo lo posible para lograrlo. Tenía el esquema arreglado, conocía un Oficial de la Armada como “cuña” y otros recursos para la garantía en la Escuela; fui yo que fallé, mi estatura lo impidió. Mi hermana era una figura; fue ella que, de la mano, me enseñó el Puerto y sus misterios; la bohemia porteña, de brazos abiertos para recibir navegantes del mundo entero: el American Bar, el Siete Espejos, el Jako, el Rock and Roll, lugares prohibidos y sus personajes de novelas de piratas y aventureros; si fuese 5 cms más alto, si todavía vivo, estaría viviendo en algún Puerto asiático o del Caribe, sin un ojo y con una pata de palo…

Juan Segura – Clausurado:

Visitamos también la Región del Aconcagua, la Cordillera imponente como telón de fondo, San Felipe y Los Andes y otras ciudades menores se dividen el Valle, extensas plantaciones de frutas dominan el paisaje rural. Llegamos a un agradable campito en San Felipe, la casa de Claudio, hijo de mi hermano. Nos espera con un almuerzo nada mas criollo: Cazuela de Chancho con Chuchoca entre los árboles en el patio; la Cazuela estaba tan sabrosa que decidimos llamar el local como “La Picada de Claudio”.

Cazuela de Chancho con Chuchoca en San Felipe:

Un horno de barro agrietado me llama la atención; fue el terremoto, tío. Me dice Claudio. En Viña observamos un Condominio de varios edificios residenciales desabitado y condenado por el mismo motivo, son secuelas del sismo. Después de almuerzo me acerco a un par de nuevos amigos, el caballo Gregorio y Armónico el guardián de la casa.

Terremoto rajó el horno:

Gregório y Armónico:

Esta entrada ha sido publicada en Textos sobre Chile. Agregue este enlace permanente a sus marcadores.

Una respuesta para SANTIAGO DE CHILE EN PRIMAVERA

  1. Claudio dice:

    Gracias tío por acordarse de nosotros, un agrado tenerlo por acá y esperamos de todo corazón que vuelva muy pronto!.
    Claudio y Lorena (la reina del chancho con chuchoca, jajajaja).
    Saludos a todos!!!

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>